El encuentro con mi propia sombra

Allí estaba yo… sentada en el borde de mi cama, atrapada por un sentimiento de tristeza y desolación que se había convertido en mi segunda piel. Perdí, sin previo aviso, la capacidad de percibir la realidad como lo había hecho hasta entonces. Completamente disociada y perdida en un laberinto oscuro del que no lograba salir y conmigo, ella, la pequeña que tanto había deseado tener. Llorábamos en un llanto interminable, profundo e incontenible, juntas, como si nos hubiésemos encontrado para perdernos en la oscuridad.

Tuve a mi primer hijo a los 19 años, en un matrimonio anterior. Para ese entonces vivía con mis suegros, mi marido y sus 3 hermanos. La soledad no era una opción y con sus altos y bajos, la verdad nunca experimenté tristeza. Casi 20 años más tarde me volví a casar. Queríamos tener hijos aunque sabíamos que el reloj nos jugaba en contra. Planificamos todo para que fuese perfecto y luego de seis meses de búsqueda activa por fin quede embarazada.

A pesar de mis 39-40 años tuve un embarazo espectacular. Con las molestias de un embarazo normal pero sin complicaciones. Sin duda puedo decir que fue un embarazo feliz. Poco antes de dar a luz a mi marido le ofrecen un cargo como Director Creativo en una agencia de publicidad, con un paquete salarial bastante atractivo que no dudó en aceptar. El sitio quedaba bastante lejos de casa, sin embargo las condiciones lo valían. Lo que no nos esperábamos era que el nivel de exigencia fuese tan desproporcionado. Muy pronto nos dimos cuenta. Mi marido trabajaba entre 12 y 14 horas diarias e incluso algún fin de semana. Pudo estar conmigo el día del parto pero no pudo disfrutar de los 14 días de baja laboral que por ley le correspondían y el horario extendido de trabajo se mantenía con jornadas interminables. Mi madre venía a casa algunos días por unas horas, pero podía sentir como la soledad comenzaba a ocupar cada rincón de esos 70 m2.

Adicionalmente, como meticulosamente lo habíamos planificado durante años, yo dirigía nuestra empresa desde casa. Lo hicimos así para que pudiese estar con la pequeña, lo cierto es que asumí más responsabilidades de las que debía y la baja por maternidad pasó por debajo de la mesa. Muy pronto el stress por no atender de manera correcta a la nena y no ser lo suficientemente productiva en mi trabajo comenzaba a hacer mella. Me enfrentaba a cantidades ingentes de cortisol que a diario eran liberados por mis glándulas suprarrenales y ya saben cuales son las consecuencias. Comencé a experimentar períodos de tristeza y desanimo profundos sin poder comprender por qué. Tenía todo lo que había soñado, tenía todo lo que necesitaba para sentirme feliz y sin embargo me sentía devastada. Recuerdo que solo quería dormir y libraba batallas extenuantes con una mujer que se había apoderado de mi cuerpo y de mi mente, que no era yo y para lo cual no estaba preparada.

Más tarde el libro “la maternidad y el encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman me ayudaría a ver ese episodio de mi vida con mayor claridad. En el libro, la autora afirma que lo que muy a la ligera se denomina depresión post-parto no es más que el encuentro de la mujer con su propia sombra reflejada en el cuerpo de su pequeño. Pero veamos cuál es, según wikipedia, la definición de depresión post parto:

La Sociedad Española de Medicina General (SEMG) define como un trastorno transitorio que aparece entre dos y cuatro días después del parto y desaparece de forma espontánea y sin secuelas, en un periodo de dos semanas. Existen dos tipos de trastorno depresivo posparto, la depresión baby-blues y el trastorno depresivo en sí mismo.

Los médicos consideran baby-blues «a la existencia de una alteración leve en el estado de ánimo de la madre puérpera,» con síntomas depresivos leves. En general se manifiesta por falta de concentración, ansiedad, tristeza, pero sobre todo por una inestabilidad del humor con gran tendencia al llanto. Este estado remite en dos semanas sin ningún tipo de tratamiento.

La depresión posparto es «la depresión que se inicia en las primeras doce semanas tras el parto,» debido al gran cambio que se produce con la llegada de un niño, con síntomas depresivos típicos: tristeza, sentimientos de desesperanza y de minusvalía, insomnio, pérdida de apetito, lentitud de movimientos, pensamientos recurrentes de muerte, síntomas físicos varios —molestias digestivas, dolor de cabeza, fatiga—, ansiedad elevada, etc.

Laura Gutman lo define como algo mucho más profundo y a la vez sutil. Para mi, este libro ha sido sumamente revelador, por lo que  quiero compartir hoy aquí algunos extractos y cito textualmente:

Cuando pensamos en el nacimiento de un bebé nos resulta evidente hablar de separación pero, aunque la separación física efectivamente se produce, persiste una unión que pertenece a otro orden. La madre y el niño siguen fusionados en el mundo emocional. Al  no  haber  comenzado todavía  el  desarrollo  del  intelecto, el bebé conserva  sus  capacidades intuitivas,  telepáticas,  sutiles,  que  están  absolutamente  conectadas  con  el  alma  de  su  madre.  Por  lo  tanto,  este  bebé  se  constituye  en  el  sistema  de  representación  del  alma  de  la  madre. Dicho  de  otro  modo,  todo  lo  que  la  madre  siente,  lo  que  recuerda,  lo  que  le  preocupa,  lo  que  rechaza…  el  bebé  lo  vive como  propio.  Porque  en  este  sentido  son  dos  seres  en  uno. Es  decir  que  el  bebé  es  en  la  medida  en  que  está  fusionado  con  su  mamá y la  mamá  es  en  la  medida  en  que  permanece  fusionada  con  su  bebé.  La  mamá  atraviesa  este  período  «desdoblada»  en  el  campo  emocional,  ya  que  su  alma  se manifiesta  tanto  en  su  propio  cuerpo  como  en  el  cuerpo  del bebé.  Y  lo  más  increíble  es  que  el  bebé  siente  como  propio  todo  lo  que  siente  su  mamá,  sobre  todo  lo  que  ella  no  puede  reconocer,  lo  que  no  reside  en  su  conciencia,  lo  que  ha  relegado  a la  sombra.  La  tendencia  de  todos  nosotros  suele  ser  el  rechazo  de  las partes  de  sombra  que  se  cuelan  por  las  aberturas  del  alma. Por  algo  se  llama  «sombra».  No  es  fácil  verla,  ni  reconocerla, ni mucho menos aceptarla.

Reconocernos  frágiles,  como  «mamás-bebés».  Cuidarnos  como  tales.  Respetarnos  con  estas  nuevas  cualidades.  Tenernos  paciencia  en  este  tiempo  tan  especial  y  no  exigirnos un  rendimiento  igual  al  acostumbrado.  Abrirnos  a  la  sensibilidad  que  se  nos  agudiza  y  a  la  percepción  de  las  sensaciones que  son  vividas  con  un  corazón  inmenso  y  un  cuerpo  que sentimos  pequeño  porque  somos  bebé  y  persona  adulta  simultáneamente. Es  como  tener  el  corazón  abierto,  con  sus  miserias,  sus  alegrías,  sus  inseguridades,  con  todas  las  situaciones  pendientes por  resolver,  con  lo  que  nos  falta  comprender.

Es  una  carta  de presentación  frágil:  esto  es  lo  que  soy  en  el  fondo  de  mi  alma, soy  este  bebé  que  llora.

 Al  tener  el  alma  expuesta  en  el  cuerpo  del  bebé,  es  posible ver  más  claramente  las  crisis  que  quedaron  guardadas,  los sentimientos  que  no  nos  atrevimos  a  reconocer,  los  nudos  que siguen  enredando  nuestra  vida,  lo  que  está  pendiente  de  resolver,  lo  que  desechamos,  lo  que  resulta  inoportuno.  A  veces, los  niños  manifiestan  las  crisis  en  forma  tan  contundente  que sólo  así  tomamos  conciencia  de  la  importancia  o  la  dimensión  de  nuestros  sentimientos.  Porque  tendemos  a  no  prestarles  mayor  atención,  a  considerarlos  banales  y  a  relegarlos  a nuestra  sombra. Criar  bebés  es  muy  arduo  porque,  así  como  el  niño  entra en  fusión  emocional  con  la  madre  para  ser,  a  su  vez  la  madre entra  en  fusión  emocional  con  el  hijo  para  ser.  La  madre  vivencia  un  proceso  análogo  de  unión  emocional.  Es  decir,  durante  los  dos  primeros  años  es  fundamentalmente  una  «mamá-bebé».  Las  mujeres  puérperas  tienen  la  sensación  de enloquecer,  de  perder  todos  los  lugares  de  identificación  o  de referencia  conocidos;  los  ruidos  son  inmensos,  las  ganas  de llorar  constantes,  todo  les  molesta,  creen  haber  perdido  las capacidades  intelectuales,  racionales.  No  están  en  condiciones  de  tomar  decisiones  domésticas.  Viven  como  fuera  del mundo;  justamente,  viven  dentro  del  «mundo-bebé». Y es  indispensable  que  así  sea.  La  fusión  emocional  de  la madre  con  el  hijo  es  lo  que  garantiza  el  cuidado  que  esta  mujer  estará  en  condiciones  emocionales  de  prodigar  para  la  supervivencia  de  la  cría. El  desdoblamiento  del  alma  femenina  o  la  fusión  emocional  en  el  alma  del  bebé  es  indefectible,  aunque  este  proceso sea  inconsciente.  La  decisión  de  llevarlo  a  la  conciencia  es personal.  Vale  aclarar  que  este  proceso  nos  sorprende  porque no  lo  esperábamos.  En  muchos  casos  se  diagnostican  «depresiones  puerperales»,  cuando  lo  único  que  pasa  es  un  brutal  encuentro  con  la  propia  sombra.

Las necesidades de la madre puérpera tiene que ver con la contención afectiva, la aceptación de sus emociones y la confianza que podemos ofrecer para que se conecte con lo que le pasa.

Luego de casi 3 semanas de intensa crisis, mi esposo decidió abandonar su trabajo. Una decisión difícil que cualquiera podría haber tildado de locura porque no tenía nada más. Sin embargo fue lo que me permitió salir a flote y conmigo a mi pequeña también. Casi instantáneamente las cosas comenzaron a mejorar. Muchas veces solo necesitamos soporte, contención emocional, acompañamiento. Ahora comprendo que era la niña que fui, llorando en la adulta que la cargaba en brazos.

No importa como quieras llamarlo, depresión post parto, baby blues o encuentro con la sombra. No temas hablar, no temas contar lo que te sucede y más aún no subestimes las señales que te son dadas. El apoyo de la tribu es vital. Solemos esconder nuestros sentimientos más oscuros por temor a ser juzgadas como malas madres, porque se supone que tendríamos que estar felices y si, lo natural es que madre y bebé sientan y disfruten ese estado pleno de felicidad y dicha, pero para eso es necesaria la participación de todos los actores de la obra.

Si estás atravesando por un episodio de tristeza intensa, de desánimo, de desesperación, ¡habla! expresa lo que sientes, no sientas vergüenza de pedir ayuda. La única manera de dispersar la oscuridad es llevándola a luz.

 

Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
@mamiacolor
mamiacolor@gmail.com
mamiacolor.es

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2 thoughts on “El encuentro con mi propia sombra

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