La chica embarazada del bañador verde (y su marido)

Hace unas semanas, lei en internet una carta escrita por Jessica Gómez que se hizo viral, no era para menos, la carta es preciosa, se titula “Querida chica del bañador verde” y si aún no lo has hecho puedes leerla aquí.

Tal vez podríais pensar que escribo esta carta para apalancarme en la anterior, aprovechando que ya se ha hecho viral (y la verdad es que no es ni mala idea) lo cierto es que al parecer, el verde esta de moda esta temporada veraniega y me ha tocado en suerte a mi también, una chica con un bañador en esta tonalidad, a escasos metros de donde me encontraba.

Lo que muchos de vosotros no sabéis es que tengo la extraña y a veces (siempre) incómoda manía de quedarme viendo a la gente. Mi marido que ya me conoce, cuando nota que tengo la mirada perdida enseguida me pregunta “¿en la vida de quién te has ido a meter ahora?” debo reconocer que no está del todo bien estar inmiscuyéndose en los asuntos ajenos, pero aunque trato, es algo que no puedo controlar.

Lo cierto es que nos fuimos a la piscina. A escondidas yo me llevé un libro. Sí ya se que cuando se va a la piscina con niños no se deben tener grandes expectativas más allá de convertirse en una uva pasa  de tanto estar metido en el agua, pero esta vez me pude valer de algunas triquiñuelas y convencí a mi marido que se adelantara con la pequeña, que yo los alcanzaría más tarde. Así que allí estaba yo, tumbada en el cesped, a solas, con mi libro.

Ya me había percatado de la chica que toma el sol muy cerquita de mi. Una preciosa rubia de piel dorada y bañador verde. De inmediato me di cuenta (yo siempre tan observadora) que estaba embarazada. Es difícil calcular pero podría tener unos 5 o 6 meses de embarazo. De vez en cuando ojeaba el móvil, de vez en cuando se relajaba y se entregaba por completo a recibir las radiaciones del astro solar como si de un proceso sanador se tratara.

Comencé a leer. El clima estaba realmente muy agradable y a pesar de estar tumbada directamente en el cesped, la verdad estaba muy cómoda. Al poco rato sonó el móvil. Momento inicial de confusión cuando pensé que era el mío pero en seguida ella contestó. Era imposible no escuchar la conversación. Fácilmente pude deducir que se trataba de su marido. Al parecer tenían una reunión familiar y ella no quería ir. Poco a poco se iba molestando más e iba subiendo el tono de voz. De repente rompió en llanto y dijo cosas muy fuertes. Cosas que solo se dicen cuando uno está realmente muy alterado.

Por un momento me sentí invisible. La chica estaba tan molesta que no reparó en ningún momento en mi presencia. Era evidente que no le importaba si la escuchaban o no. Volví a mi libro, aunque nunca quité los ojos de la página en la que estaba y de pronto me di cuenta del título en la esquina superior derecha “yo soy tu” (ya sabéis que me gusta mucho Enric Corbera) y no pude evitar sentirme un poco ella. No se si será mi caso en particular o todas las mujeres durante el embarazo no volvemos un poco más introspectivas e introvertidas. Nos volvemos más hacia nosotras mismas y evitamos contacto con personas ajenas a nuestro entorno cercano, al menos en mi caso fue así. Nos volvemos más sensibles, más ansiosas, nos afectan más los comentarios de terceros y procuramos encontrar en nuestra pareja (si la hay) la contención emocional que tanto necesitamos en este período.

Sentí la necesidad inmediata de abrazarla. Me contuve. Pero podía sentir su profunda tristeza, su frustración. Para cualquier mortal esto sería algo completamente superficial y sin importancia, “por Dios! es solo una reunión familiar! tampoco es para tanto!” pero para una mujer embarazada, es su soporte y su estabilidad las que se ven amenazadas. Una mujer embarazada no ve la vida como el resto de la gente. La ve a través de su propia sensibilidad, de su estructura emocional, de la niña que fue, de los padres que tuvo. La vida cotidiana deja de ser simple para convertirse en un cúmulo de emociones que lo impregnan absolutamente todo. No se si la chica embarazada del bañador verde llegue a leer estas letras pero, sin importar el color del bañador, si estás embarazada (o no), no te obligues a hacer nada que no quieras hacer. No te estás volviendo loca, es normal que tus preferncias cambien de un momento a otro. Expresa tus sentimientos, habla con claridad y sinceridad, hazle saber a tu pareja que hay cosas que en este momento preferirías no hacer. Respira.

Solo pasó media hora para que llegara el chico en cuestión. Se sentó con ella en el cesped y la abrazó mientras ella no paraba de llorar. A los pocos minutos se fueron juntos. Ella seguía llorando.

Se que es muy difícil entender a una mujer, imagínense si está embarazada. Si hubiese tenido la oportunidad (y las agallas) me hubiese gustado decirle a este chico, que a todas luces parecía ser una buena persona que solo quería llevar a su mujer a una reunión familiar, que tenga paciencia. Él es ahora el soporte y la estructura de una nueva familia. Es el pilar, la roca en la que esta mujer necesita apoyarse. La maternidad es motivo de júbilo y alegría y todos queremos ser parte de la experiencia, pero es importante que la mujer gestante tenga su espacio. Ser comprensivos, pacientes y saber estar disponibles si nos necesita y saber retirarnos si no, es el mejor regalo que podemos hacerle.

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