distancia = 20 años

20 años no son nada.. o al menos así dice la canción.

Cuando tenia 15 años vi una película de esas que se quedan contigo para siempre. Se llamaba “La historia sin fin”  (neverending story) y desde ese mismo momento supe que tendría un hijo y que se llamaría Sebastián.

A los 19 años mi sueño se hizo realidad. Para muchos era demasiado pronto (seguramente sí lo era) para mí, lo mejor que podría haberme pasado. Pero como la mayoría de las historias que comienzan con un alto grado de inmadurez, mi “jugar a la familia” terminó en divorcio. No voy a explorar ese tema en este capítulo porque no viene al caso, lo cierto es que, como la mayoría de la gente, logramos superarlo con mucho apoyo, mucha ayuda, paciencia y comprensión (tengo a la mejor de las familias), y me dejó el mejor de los regalos.

He tenido la fortuna de recorrer junto a él un largo camino y acompañarlo y guiarlo lo mejor que he podido, aunque creo que en realidad es él quien me guía.

Siempre quise tener más hijos, pero fue sólo hasta hace poco que llegó nuevamente mi momento y me convertí en madre primeriza por segunda vez. Ha sido una experiencia increíble vivir todo de nuevo como si fuese la primera vez. Aprender a cambiar pañales, el llanto, el cordón umbilical, los mocos, la caca, la fiebre… en fin. Primeriza total!

Luego de 20 años de supremacía, a Sebastián le tocó pasar de ser hijo único a convertirse ahora en el hermano mayor.

Dos maternidades diametralmente opuestas, el primero me enseño a ser mamá, con sus cuatro letras, con sus desafíos y alegrías, aprendícon él, entre tropiezos, aciertos y desaciertos  lo que significa realmente ese rol. Aprendí, aunque muchos piensen lo contrario, que sí se puede ser amigo de los hijos, cuando no permites que las barreras generacionales sean barreras, cuando te permites entrar en sus mundos en vez de quedarte en el escalón de arriba supervisándolo todo desde las alturas.

Ya con veinte años de experiencia viene la segunda y me muestra una maternidad diferente, de auto-descubrimiento, de cuestionamiento. Cuando creía saberlo todo llega a mi vida esta niña que me muestra en su propia piel la niña que fui y la que aún todavía sigo siendo, con mis luces y mis sombras, con mi excesiva necesidad de control y autocrítica, con mi ilimitada timidez y mi irreprimible creatividad

Sin duda alguna, mi mirada ha cambiado. Las cosas no son igual que hace 20 años. Tengo más canas (aunque esas son heredadas), estoy más cansada y me agobio con mayor facilidad. Me preocupan más los problemas y las circunstancias, pero también me he vuelto más consciente de la oportunidad de aprendizaje y crecimiento que me brinda cada uno de mis hijos aún con 20 años de distancia. Cada día me invitan a verme a mí misma, en sus rebeldías, en sus determinaciones, en sus terquedades y obstinación, pero también en cada uno de sus logros y alegrías.

12 años le tomó Steve Jobs recuperar su empresa. Leonardo DaVinci tardó alrededor de 8 años en pintar la mona lisa y aproximadamente 9 años le tomó a Miguel Ángel pintar la Capilla Sixtina (en dos partes). A mi me tomó 20 años crear mis dos mejores obras, aunque en realidad son ellos los que me crean a mi en cada instante atemporal.

PD. la relación actual es 45 – 26 – 05 (20 años no son nada… o si?)

Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
@mamiacolor
mamiacolor@gmail.com
mamiacolor.es

 

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One thought on “distancia = 20 años

  1. Tu historia es mi historia… mismas edades, mismos hijos varón y mujer… lo mejor de todos el mismo sentir. Saludos desde Chile

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