hackeando las rabietas

Empecemos por definir ¿qué es una rabieta o pataleta?

Podríamos decir que es una reacción desproporcionada de emociones desbordadas ante un evento aparentemente “sin importancia”, esto último ante los ojos del adulto y es que lo primero que tendríamos que analizar es esa costumbre de percibir las necesidades del niño de manera proporcional a su tamaño y resulta que son tan válidas como las de cualquier adulto. Suelen presentarse hacia los dos años de edad cuando ya el niño adquiere cierta autonomía y pueden durar toda la vida, sí, un adolescente, un adulto y hasta un anciano puede tener en determinadas ocasiones una reacción desproporcionada ante un evento o circunstancia, lo que pasa es que no le llamamos pataleta o rabieta

Yvonne Laborda suele comparar  las pataletas o rabietas con los últimos 5 minutos de una película. Difícilmente podremos entender la película si solo vemos el final. Es necesario escudriñar el panorama completo.

Este es un tema que considero de extrema complejidad porque son muchas las cosas que una expresión emocional puede mostrarnos, no solo del niño que la manifiesta sino de los adultos implicados y cómo nos gestionamos ante ella, así que voy a tratar de ir paso por paso.

Estas reacciones desproporcionadas, casi siempre tienen lugar frente a un evento desencadenante que dependiendo de su índole podrían dividirse en 3 grupos:

Sensoriales: Aquellas que afectan significativamente nuestros sentidos, como un sonido fuerte o molesto, las etiquetas y las costuras de la ropa, demasiado calor o frío, etc

Fisiológicas: Hambre, sed, ganas de hacer pipí o caca, necesidad de movimiento (sobre todo en el caso de niños muy motrices), sueño, cansancio, etc.

Emocionales: Necesidad de mirada, de abrazo, de presencia que muchas veces se traduce en miedo, enfado o desconexión, pero este grupo es quizás el más engañoso y es que el niño no sabe manifestar de manera racional esa necesidad y es cuando entonces se presentan las peticiones desplazadas. No tengo la atención de mamá o papá, no se cómo pedirlo, entonces recurro a algo que sí sé como pedir, como un dulce o un juguete. Cuando el niño tampoco obtiene el objeto hacia el que ha desplazado su necesidad real, entonces puede ocurrir la explosión.

Cuántas veces, como padres, le hemos ofrecidos golosinas o juguetes a nuestros hijos para entretenerlos un rato porque estamos muy ocupados. Es así como aprenden que la golosina o el juguete reemplazan la presencia adulta. Esas complacencias para compensar ausencias que luego se transforman en desordenes alimenticios, adicciones, compulsiones y un sin fin de tapa huecos emocionales, pero no nos desviemos tanto que eso ya da tela para otro post.

¿Cómo la vivimos los adultos?

Creo que no hay padre que no experimente cierto grado de temor ante la posibilidad real de ser protagonista de una pataleta, sobre todo en público y es que la mayoría de nosotros crecimos entre la mirada inquisitiva y la chancla, seguras ante cualquier desafío de la autoridad. Eran otros tiempos, nuestros padres habían recorrido ya el camino del autoritarismo parental y ejercer la disciplina férrea contra los hijos era lo normal. Más de uno habrá escuchado la frase “cuando los adultos hablan los niños callan” y es así como nos fuimos acallando y desconectando de nuestras necesidades emocionales primarias para lograr la aprobación de nuestros padres.

Los tiempos han cambiado así como las formas y enfrentarnos a una pataleta en público nos vuelve vulnerables a la mirada del otro, tanto si somos autoritarios con el niño como si no. Sentimos el peso de la crítica ajena porque en el fondo recordamos cómo llamar la atención. Cuando éramos pequeños, podía hacernos perder la aprobación de papá o mamá. Por otro lado, muchos de nosotros nos enfrentamos a algo que nunca nos fue permitido: expresar nuestras emociones. Por eso, frente a la manifestación del niño, el primer paso es vernos a nosotros mismos como adultos, ¿qué estoy sintiendo?, ¿que me está removiendo esta expresión de malestar en mi hijo?, ¿qué me esta mostrando, de mí mismo, de la situación y de nuestra relación?

Es muy importante hacer el trabajo para poder acompañar a nuestros hijos en este camino y es que la mejor manera de gestionar una rabieta es evitándola,. ¿cómo? no, no es cediendo compulsivamente a los deseos del niño, no es comprando la golosina o el juguete para que no se vaya a enfadar, se trata más bien de conectar con el niño, de comprender cuáles son sus necesidades y cuáles las nuestras, de escuchar, de estar disponibles y presentes. Un niño abrazado, mirado y contenido emocionalmente será más propenso a comprender y conectar con las necesidades del adulto desde la colaboración y no desde la obligación.

¿Qué hacer para evitarlas o cómo gestionarlas si ocurren?

Los enfados y las reacciones emocionales son parte del desarrollo del niño. Eventualmente, todos experimentaremos enfados, sea cual sea nuestra edad, pero sí hay cosas que podemos hacer para que éstas no se manifiesten de manera desproporcionada.

  1. Observa, escucha y conoce a tu hijo, lo que le gusta y lo que no, por ejemplo, si es un niño muy motriz sabes que tenerlo atado al cochecito puede traducirse en una rabieta segura. Si debes llevarlo en el coche por razones de seguridad, explícale los motivos y comprométete a sacarlo del carrito tan pronto sea posible. Una etiqueta, las costuras de la ropa o la textura de la tela, por simple que parezcan, puede ocasionarle mucha molestia a un niño. No lo minimicemos y mucho menos ridiculicemos. De nuevo, la clave está en conectar con el niño.
  2. Háblale siempre a su altura. Procura ser cercano y empático.
  3. Valídalo: “Se que te sientes mal, se que estás enfadado, yo también estoy aburrida pero mamá debe hacer esto ahora… hagamos planes para luego”
  4. Baja las expectativas. Muchas veces somos demasiado exigentes y queremos que los niños sigan nuestros ritmos o hagan cosas de adultos cumpliendo esquemas y horarios excesivamente rígidos y demandantes. Esto solo produce estrés.
  5.  Si necesitas hacer una diligencia, como por ejemplo ir al banco, por nombrar una de las que resultan más aburridas para un niño y no puedes evitar llevarlo, una opción es llevarle algún juguete, lápices de colores y cuaderno para pintar  o algo que le permita entretenerse mientras espera. Recuerda que si para un adulto es aburrido para un niño lo es aún más.
  6. Ten contigo siempre una botella de agua (no, no es para que se la eches encima) en caso de que tenga sed o calor y está siempre atenta a las horas en las que suele dormir o comer. Puedes llevar algún snack contigo, pero evita las golosinas en la medida de lo posible.
  7. Mantén la calma. En la medida que grites, golpees o ejerzas la violencia, el niño lejos de calmarse, probablemente se alterará aún más, o peor aún, reprimirá sus emociones por miedo.
  8. No lo ridiculices ni lo ignores. Su emoción es genuina y lo que más necesita en ese momento es la mirada y la comprensión del adulto. Ignorarlo solo se traducirá en abandono emocional. Ten presente que una reacción emocional muy intensa puede llevar al niño a hacerse daño a sí mismo o a otros por lo que ignorarlo puede llegar a ser muy contraproducente.
  9. Los centros comerciales, tiendas por departamento y supermercados son lugares repletos de miles de cosas llamativas y apetecibles para un niño. Si no tienes planeado comprar nada extra, más allá de aquello por lo que vas, adviértelo con antelación. Muy probablemente tu niño insista al toparse con algo que le llame la atención, se paciente y explica de nuevo que en ese momento no puedes comprarlo y proponle pedirlo para su cumple, para navidad o incluso ahorrar para comprarlo, así ademas aprenderá que en ocasiones es necesario hacer ciertas cosas para obtener lo que queremos.
  10. Nunca utilices el chantaje emocional (ni de ningún tipo).
  11. Olvídate de las miradas reprobatorias. Esto es una situación entre tu hijo y tú, no necesitas la aprobación de nadie.
  12. Por último, no juzgues ni condenes a otro padre que está en una situación incómoda y si está dentro de tus posibilidades y te parece apropiado, ofrece apoyo.

 

Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
@mamiacolor
mamiacolor@gmail.com
mamiacolor.es

 

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One thought on “hackeando las rabietas

  1. Muy educativo..será de gran ayuda para los padres.

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