CONVULSIONES FEBRILES

Dentro de los problemas neurológicos que ocurren en pediatría, las convulsiones febriles son uno de los más comunes, pudiendo presentarse con una incidencia del 2 – 5% en menores de 5 años.

Es necesario entender que NO son sinónimo de epilepsia y que son un proceso benigno que no suele dejar secuelas neurológicas, que no incrementa el riesgo de muerte ni deterioro de la función intelectual.

Las convulsiones son contracciones violentas e involuntarias de un músculo o grupo de ellos, producidos por cambios en la actividad eléctrica normal del cerebro.

Pero, ¿Qué son las convulsiones febriles?

Son aquellas que se presentan en los niños, previamente sanos, entre los 6 meses y 5 años de edad, asociadas a fiebre, sin evidencia de infección del sistema nervioso central, trastornos metabólicos ni de electrolitos.

¿Cuándo se producen?

Al contrario de lo que se piensa, NO es por lo alto de la temperatura sino porque sube de forma tan rápida que al cuerpo del bebé no le da tiempo de irse adaptando a esos cambios, lo que quiere decir que incluso con una temperatura de 38◦C podría convulsionar.

Suelen presentarse el primer día de iniciar la fiebre y tienen duración variable.

¿Cómo se manifiestan?

Se presenta con una pérdida del estado de conciencia, lo que quiere decir que no responde cuando lo llaman, unida a una o varias afectaciones motoras que se pueden presentar de diferentes formas:

1. Movimientos bruscos y repetidos, en forma de sacudidas, en los brazos y piernas.

2. Rigidez de todo o parte del cuerpo.

3. Flacidez o ausencia total de fuerza muscular o movimientos.

4. Puede ir acompañado de: quejidos o gemidos, respiración ruidosa, movimientos de labios en forma de chupeteo, ojos con mirada fija o mirada desviada a otro lado o volteados hacia arriba (poner los ojos blancos), labios azulados, salivación, dientes apretados y/o relajación de esfínteres (puede hacerse pipí o pupú o incluso ambas).

5. Después puede quedar adormecido.

¿Pueden repetir?

Sí, de hecho, en uno de cada 3 niños puede presentarse un nuevo episodio. El riesgo de que ocurra durante el 1er año tras el primer episodio es del 75%.

Existen algunos factores que parecen aumentar el riesgo de recurrencia de las convulsiones febriles:

1. Primer episodio a edad temprana.

2. Historia familiar de convulsiones febriles o afebriles.

3. Aparición de episodios convulsivos con temperaturas no tan elevadas.

4. Convulsión febril de larga duración.

¿Qué debo hacer ante una convulsión febril?

1. Lo primero, y seguro lo más difícil de conseguir, es MANTENER LA CALMA, pues es lo que va a permitir pensar con claridad y poner en práctica las medidas que se deben tomar de la mejor forma posible.

2. Acostar al niño en el suelo o en un lugar donde no se haga daño (evitar golpes, caídas, retirar objetos que lo puedan lastimar).

3. Colocar la cabeza de lado para evitar que se ahogue en caso de que vomite.

4. Retirar cualquier objeto extraño que tenga en la boca.

5. Quitar el exceso de ropa y aflojarla si está muy ajustada, especialmente alrededor del cuello.

6. NO debe ser agarrado o buscar restringir los movimientos durante la convulsión. Tampoco debe sacudirse buscando que reaccione o ceda el episodio.

7. NUNCA poner ningún objeto en la boca durante una convulsión, pues podrían romperse y obstruir la vía aérea. Tampoco buscar sacar la lengua, no se la va a tragar.

8. NO bajar la fiebre durante la convulsión con medicamentos ni metiéndolos a bañar. Sólo se pueden usar medidas físicas con compresas húmedas y retirando su ropa.

9. De ser posible, buscar cuantificar el tiempo que dura la convulsión.

10. NO automedicar.

11. Al ceder el episodio convulsivo debe ser llevado al médico, para ser evaluado y que el especialista pueda decidir el manejo más adecuado.

¿Se pueden prevenir?

El tratamiento preventivo para el manejo de las convulsiones febriles es muy controversial y la mayoría de los niños que han presentado algún episodio no van a necesitar recibir medicamentos.

Sin embargo, a pesar de todo esto, existen casos muy puntuales que si lo van a necesitar iniciar y va a depender de las características de los episodios convulsivos, la existencia de riesgo elevado de recurrencia y sus antecedentes personales y familiares.

Finalmente, el manejo de la fiebre va a ser similar al de aquellos niños que no han presentado episodios convulsivos, tomando las mismas medidas y sin necesidad de estar tomando continuamente la temperatura.

 

Ante cualquier duda recuerda que acudir al especialista, que siempre estará dispuesto a brindarte la orientación que necesitas y evitar complicaciones que son completamente prevenibles.


Dra. Ann Molinet
Médico Pediatra, Intensivista Pediatra
tupediatraguia@gmail.com
@tupediatraguia

 

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