Sentido de pertenencia

Los seres humanos, como mamíferos que somos y desde tiempos ancestrales, nos hemos manejado en grupos, en manadas, tribus, clanes, etc. como forma primordial de protección y supervivencia a un medio que tendía a la hostilidad. Ser expulsado o quedar fuera de la manada solía ser sinónimo de peligro o muerte y ese concepto de pertenencia ha quedado impreso a través de los siglos en nuestra memoria celular.

En mi familia, todos llevamos gafas (lentes), mis padres, mi esposo, mi hijo mayor y yo, aunque hace cerca de dos años que yo dejé de usarlas porque ya no me estaban sirviendo y me daba mucha pereza ir al oftalmólogo, hasta que finalmente mi esposo me convenció y fuimos. Efectivamente la miopía me había aumentado el doble así que tocaba hacerme un par de gafas nuevas. En seguida noté que mi hija estaba muy inquieta, ella también quería unas gafas, nos decía que no veía bien y que necesitaba también unas para ella. Le pedimos al oftalmólogo que le hiciera la revisión y para su desilusión, su visión era perfecta. Pero ella no desistiría, quería una gafas a como diera lugar. En seguida comprendí que era el impulso primario de pertenecer al clan familiar, así que le cedí las gafas que ya no me servían y le sacamos los cristales. Parecen detalles sin importancia, pero que de manera inconsciente y a veces imperceptible, nos hacen sentir que formamos parte de algo, que no estamos solos.

Para un niño pequeño, el sentido de pertenencia le ayuda a afianzar su confianza, fortalecer su seguridad y fortalecer vínculos.

Qué podemos hacer como padres para reforzar ese sentido de pertenencia?

Lo primero, observar y observarnos. Los signos más evidentes son los externos, los físico-materiales, nuestra manera de vestir, los utensilios que utilizamos a diario, las actividades que realizamos, nuestras costumbres y hasta nuestros horarios. De allí pasamos a los sutiles, que quizá no sean tan visibles, pero que son fundamentales en la construcción de nuestra identidad, como los valores y principios que practicamos en el seno familiar.
Permite que tu hijo, si así lo desea, comparta elementos de vestir parecidos a los de papá o mamá, como llevar cinturones o zapatos parecidos e incluso conjuntar toda la ropa. Por lo general a los niños les hace mucha ilusión lucir como sus referentes.
La hora de la comida es un momento maravilloso para crear sentido de pertenencia, no solo por el hecho de compartir la misma mesa y el hábito de alimentarnos de manera grupal, que ya de por sí, comer se ha convertido en un hecho social, pero además podemos reforzar compartiendo utensilios  que sean parecidos, siempre por supuesto adaptados a a la edad de cada quien. Por lo general, los niños suelen tener vajillas distintas a la de los padres y aunque suelen ser llamativas, en ocasiones prefieren coger los cubiertos o platos de los mayores, justamente por esa necesidad de no sentirse separado del conjunto. En este sentido, no es necesario que sus mundos se adapten al de los adultos, por el contrario, podemos incorporar a la vajilla familiar que todos utilizamos, elementos como vasos o cubiertos de colores, así será incluso más divertido para todos.
Compartir actividades deportivas o hobbies que nos acerquen, mediante los cuales se puedan crear hábitos que nos unan como familia incluso a medida que pasa el tiempo. Explora que actividades le gusta realizar a tus pequeños y hagan de eso tradiciones familiares que se puedan extender hasta la adolescencia e incluso, porque no, hasta la adultez, como ir los domingos al cine, a juegos de futbol o al restaurant favorito de todos, eso sí, es de vital importancia evitar las imposiciones.
Desde crear rutinas sencillas, como cepillarnos los dientes juntos o leer antes de dormir, hasta incluirlos y hacerlos partícipes en las discusiones familiares y en la toma de desiciones (por supuesto, siempre acorde a las edades). Animarlo a enseñar a sus hermanos más pequeños las dinámicas propias del hogar, colaborando y asumiendo responsabilidades sencillas le hará sentir que ocupa un lugar importante en el grupo familiar.
A la larga y casi por defecto, al niño sentirse incluido y como parte fundamental del grupo, nos será mucho más fácil establecer e inculcar valores y principios como el respeto, la honestidad, la empatía, etc ya que formarán parte del código familiar, del que todos formamos parte.
En fin, se trata de incluir, de que todos, adultos y niños formemos parte del mismo equipo.
Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
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