Mi timidez y mi hija

Cuenta mi madre que de pequeña solía gruñirle a quien osara acercase a mí. Debe ser cierto porque aún, de vez en cuando, lo hago… La verdad es que ir al cole, a un cumpleaños o cualquier evento que implicara contacto social me daba dolor de barriga y hasta el día de hoy, aún me escondo en el baño para evadir alguna situación que me sobrepase.

La frase que más he escuchado en mi vida es “¿te comieron la lengua los ratones?” y es que, si bien me siento muy cómoda en grupos reducidos con personas de confianza, mantener una conversación con desconocidos me resulta(ba) prácticamente imposible. Ni hablar de las reuniones o entrevistas de trabajo. Literalmente me pongo mala del estómago cuando me toca enfrentarme al contacto social.

A estas alturas, yo cuento esto y nadie me cree y es que, en un mundo donde la extroversión es la norma, he tenido que adaptarme y entrenarme para sobrevivir. Hoy en día soy capaz de mantener y liderar conversaciones y hasta contar chistes, pero en el fondo, sigo prefiriendo quedarme en casa leyendo un libro.

Se me hace muchísimo más fácil y llevadero escribir un mail o un whatsapp que hacer una llamada telefónica y las redes sociales se han convertido en mi vía de escape para poder relacionarme con otros.

Con el nacimiento de mi hija se me han ido mostrando muchas cosas que han sido increíblemente reveladoras. Ella no le gruñía a la gente pero si alguien le hablaba, literalmente se encerraba en sí misma. Perdía la mirada y no contestaba a nada de lo que le decían. Aquí comencé a escuchar de nuevo la bendita frase “¿te comieron la lengua los ratones?” una y otra vez, “uy pero que antipática que es” y un largo etcétera de críticas que llueven a cántaros cuando no se alcanzan los patrones sociales pre-establecidos.

Comenzaba a ver en mi hija la niña que fui y aunque físicamente no nos parecemos en nada, podía ver en ella mis temores, mi timidez y mi dificultad para relacionarme con otros, hasta que un día comprendí que tal vez yo misma estaba proyectando sobre ella mi propia manera de ser.

Pero ahondemos un poco sobre el concepto de timidez, introversión y fobia social.

Para el terapeuta e investigador Philip Zimbardo, la timidez es un estado de incomodidad causado por la expectativa de posibles consecuencias negativas de las relaciones con otros. Zimbardo distingue un “tímido público” y un “tímido privado”, y afirma que el “tímido público” se adapta a la vida social y participa de ella aunque la sufre, mientras que el “tímido privado” tiene grandes dificultades para interactuar. Uno logra adaptarse y controlar el malestar, mientras que el otro no.

La tendencia suele ser que el tímido sobrevalore y tema el resultado de la opinión que otros tengan sobre él o sus acciones, lo que detona un círculo vicioso de ansiedad e inhibición que tiende a crecer si no se resuelve la causa de la reacción o si no marca una distancia prudencial con el estímulo o agente. (fuente wikipedia)

El trastorno de ansiedad social (TAS), también conocido como fobia social, es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo persistente a una o más situaciones sociales por temor a que resulten embarazosas. Este temor puede ser desencadenado por el escrutinio (percibido o real) de otras personas. Es el trastorno de ansiedad más común y uno de los más comunes entre los trastornos psiquiátricos.

En la mayoría de los casos, los síntomas físicos del trastorno son: ruborización, sudoración excesiva, temblor, palpitaciones y náusea. Por otro lado, pueden presentarse respuestas conductuales a las situaciones temidas, como es el caso del habla acelerada, y otras estrategias de afrontamiento. También pueden ocurrir ataques de pánico. (fuente wikipedia)

Los introvertidos en cambio están más preocupados por el mundo interior de la mente. Disfrutan pensar, explorar sus pensamientos y emociones. A menudo evitan situaciones sociales porque el estar con otras personas drena su energía. Esto es cierto hasta cuando tienen buenas habilidades sociales. Después de estar con gente por mucho tiempo, como por ejemplo en una fiesta, necesitan tiempo para “recargar”. (fuente http://superdotados.about.com/)

Dicen que hasta los 6 años, madres e hijos comparten el mismo espacio emocional configurándose una especie de díada, como la llama Laura Gutman, en la que el bebé/niño expresa las emociones, temores y sentimientos de su madre. No creo en las casualidades más sí en las causalidades, por lo que no me atrevería a llamarlo coincidencia y, si bien puede ser parte de su proceso madurativo, lo cierto es que una vez tomé conciencia de esto, mi hija comenzó a transformarse.

Según Carlos González , Pediatra Español, la mejor manera de conocer más sobre el comportamiento de padres e hijos, es sentarse al menos por una hora en el banco de un parque y observar. Así pude apreciar en primera fila las diferentes personalidades, comportamientos y formas de ser de cada niño. Cómo se relacionaban unos con otros, sus gustos y preferencias y cómo, poco a poco, mi pequeña, alguna vez tímida y asustadiza, comenzaba a acercarse al resto de los niños (de cualquier edad, incluso más grandes que ella) y a interactuar con ellos de una manera diferente. De un día para otro comenzó a hacer preguntas frontales, “quieres jugar?”, manejando con una seguridad asombrosa las negativas de algunos. Una vez una niña le dijo que no podía jugar con ella porque no la conocía, a lo que ella respondió con naturalidad: “yo te puedo decir mi nombre”.

Si bien muchos consideran la timidez y la introversión como patologías psicológicas que deben ser tratadas y corregidas, yo estoy en total desacuerdo y lo último que pretendo con este post es insinuar que ser tímido o introvertido esté mal o sea incorrecto, en lo absoluto. Cada niño (y cada adulto) tiene una personalidad que enriquece la sociedad y aporta valor. Todos tenemos algo que ofrecer desde nuestro auténtico yo y la inclusión es la mejor manera de lograr que cada uno encuentre ese sitio en el que pueda sentirse cómodo con quien es. Es nuestra responsabilidad como padres comprender las conductas de nuestros hijos sin tratar de modificarlas o imponer patrones de conducta que no se corresponden con sus deseos o necesidades más profundas, siempre prestando especial atención a nuestros propios temores y por supuesto inculcándoles siempre el respeto por las diferencias.

Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
@mamiacolor
mamiacolor@gmail.com
mamiacolor.es

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4 thoughts on “Mi timidez y mi hija

  1. Pareciera que estás hablando de mi Mau. Que siempre en un contacto inicial se guarda como si fuese un puercoespin… luego poco a poco se va relajando. Y logra disfrutar de jugar e interactuar con otros, hasta que de repente se cansa y se aleja un poco.

    1. A muchos nos agobia un poco el exceso de estímulo externo y apartarse o retirarse un momento es necesario para volver al centro.

  2. Excelente post, te leo y sigo tus redes sociales desde Venezuela.

    1. Muchísimas gracias bonita!

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