El castigo como método de enseñanza

Si bien, desde hace un par de años, ya no practicamos el colecho, desde entonces tenemos un ritual instaurado que consiste en acostarme en la camita con mi hija, leer un cuento o conversar, o ambas cosas hasta que ella se duerma. Es un momento ideal para compartir, porque estamos relajadas, no tenemos la atención puesta en otra cosa y las dos nos encontramos, si se quiere, al mismo nivel. He comprobado a lo largo de mis años como mamá, que recordar lo que sentía en mi propia infancia y adolescencia, me permite empatizar de manera efectiva y comprender el lugar en el que mis hijos se encuentran durante cada una de las etapas de sus vidas. Mostrarme vulnerable e imperfecta frente a ellos ha sido una puerta abierta para poder conectar y adentrarme en sus mundos.

Hace un par de noches, mientras mi hija y yo conversábamos antes de dormir, me pregunto:

“mami, a ti te castigaban de pequeña”

y pues le dije la verdad, que sí, que me castigaron y bastante. Conversamos sobre los castigos en sí y las razones por las que me castigaban. La verdad tenía material para hablar un buen rato, hasta que me dijo:

“si te digo algo no te enfadas?”

era evidente que le daba miedo contarme, temía que me pusiera brava y que, quizá pudiera castigarla, pero con la mayor serenidad posible la invité a que confiara en mi, que podía contarme cualquier cosa y que, sí, podía suceder que me enfadara, pero que no había nada que juntas no pudiésemos resolver. Entonces me contó que a ella la habían castigado en el colegio, cuando estaba en infantil (hacía más de un año) había echado el sandwich de la merienda al bote de basura y la maestra la dejó castigada durante el recreo, al lado del bote de la basura, viendo la pared.

En cuestión de segundo pude sentir el dolor en mi cuerpo, el dolor guardado de esa niña que fui, del dolor que sentí con cada castigo y pude verlo todo tan claro. Pude en un instante comprender que eso fue lo que me quedó, el dolor, y lo estaba reviviendo a través de mi hija. Lo estaba reviviendo porque seguía allí, escondido. Es evidente que los castigos, al menos en mi, no daban los resultados esperados, pues de haberlo hecho no hubiese sido necesario repetir, pero que puedo decir, era una rebelde reincidente.

A veces hacemos las cosas de manera automática, porque así se han hecho siempre, sin cuestionarnos y muchas veces, con los castigos y premios,  enviamos mensajes contradictorios. Qué tan difícil puede resultar, comprender que si una niña de 4 años arroja un sandwich al bote de basura es porque no lo quiere comer, es evidente que lo único que ella quería era salir a jugar, pero en lugar de eso, la castigaron negándole lo que para cualquier niño es una necesidad tan importante como comer. ¿No hubiese sido más razonable explicarle que la comida no se bota, que si no la quiere se guarda para más tarde y ya está?. En su lugar, se aplica un castigo que la empujará a des-oir su propio cuerpo y aunque no tenga hambre comerá por temor a perder lo que tanto desea… Jugar. Luego no entendemos porque sufrimos tantos desórdenes alimenticios, como la obesidad por ejemplo. Sin embargo, en el otro extremo, enseñamos a los niños que las chuches son malas, que producen caries y que son malas en general para la salud pero premiamos los buenos comportamientos o los logros con chocolate o caramelos.

Sin duda alguna, es un tema que da para mucha reflexión, para verlo con lupa y es que, en la medida que podamos comprender y romper los círculos viciosos en los que nos hemos movido a través de generaciones, tendremos sociedades más justas e individuos más completos, que logren actuar desde la conexión con su ser esencial y no desde condicionamientos aprendidos desde el miedo, razón por la cual he querido apoyarme en la experiencia y conocimiento de Raquel, Licenciada en Educación Preescolar y Diplomado en Educación Temprana, Directora de @mundonido quien, a través de su experiencia en el trato con niños nos explica a continuación un poco la repercusión a corto y largo plazo del castigo y la diferencia entre “Castigo y consecuencia”

¿Cuáles son las consecuencias de castigar a los niños?

•El castigo es una acción realizada por una persona para eliminar o corregir la conducta de otra.

•El castigo actúa sobre el comportamiento inmediato pero no modifica la conducta a largo plazo.

•Los castigos no generan aprendizaje, comprensión, ni invitan a razonar o reflexionar acerca del acontecimiento sucedido.

•Generan ansiedad, frustración, rabia y dolor.

•Emplear castigos provoca la pérdida de confianza del niño hacia los padres o educadores, daña el autoestima del niño y provoca que se alejen de nosotros. Debido a los castigos, los niños se convierten en personas sumisas, inseguras y temerosas, condenados a ser siempre víctimas.

•Llega un punto en el que el niño no sabe tomar una decisión propia, ya que depende del adulto para tomar decisiones acertadas y no decisiones que puedan ser incorrectas y que le busquen un nuevo castigo. Además pierden espontaneidad y creatividad por temor a equivocarse.

•Esta definitivamente no es una manera de criar respetuosamente, ya que se ejerce poder basándose en el miedo y en condicionamientos que no llevaran a nada bueno.

•Cuando se condiciona a un niño, le quitas la seguridad que podía sentir y más aún cuando le dices cosas como: “si te sigues portándose así te voy a dejar solo y me voy” o “No te quiero cuando te pones así”. Cuando condicionas el amor, pones en riesgo toda la confianza que el niño siente por ti. El niño debe tener la certeza de que no importa lo que pase, sus padres o sus maestros, van a estar ahí siempre, para guiarlo y protegerlo. Es nuestro deber ser pacientes, comprensivos y estar con ellos para acompañarlos durante su crecimiento.

Diferencia entre Castigo y Consecuencia

•Cada uno de nuestros actos trae una consecuencia y es importante que a medida que nuestros niños vayan creciendo, tomen consciencia de esto, para que luego asuman la responsabilidad de cada uno de sus actos.

•Una consecuencia no es lo mismo a un castigo. Una consecuencia es aquello que resulta a causa de algo. Por ejemplo, olvidar el paraguas en la casa un día lluvioso, puede traer como consecuencia que te mojes por no traer sombrilla. Si un niño olvida su chaqueta en la casa la consecuencia será que no podrá usar la suya y deba usar alguna chaqueta prestada en la escuela para no pasar frío.

•En cambio un castigo sería que el maestro lo ponga a hacer planas, escribiendo: “no debo olvidar mis cosas”, o que siente al niño en un rincón por haberla olvidado o que sus padres regalen su chaqueta ya que él la olvidó en determinado momento y quieran que el niño aprenda una lección.

•El castigo no es una consecuencia, es una estrategia premeditada para evitar una conducta, es impuesto por el adulto y suele obtener un resultado inmediato, no porque el niño haya comprendido sino porque se hace uso del miedo.

•Una forma de enseñarle a nuestros niños acerca de las consecuencias es que les permitamos a ellos mismos que comprendan las consecuencias de sus actos, que pueden experimentar y ver por ellos mismos lo que sucede después de hacer algo, también podemos hacer uso de preguntas abiertas que les hagan descubrir qué creen que sucederá después de algo que hayan hecho, qué sienten o cómo creen que se sientan los demás ante un determinado comportamiento. Ésta es una estrategia para que comprendan que todo tiene una consecuencia sin necesidad de hacer uso de los castigos.

•Las consecuencias en lugar de los castigos, harán que el niño comprenda lo que hizo y anticipe lo que ocurrirá si vuelve a actuar de esa forma, además podrá decidir si desea cambiar eso para obtener otro resultado o si desea repetir lo que hizo para obtener el mismo resultado.

 Raquel Roa  @mundonido

Licenciada en Educación Preescolar y Diplomado en Educación Temprana.

Defensora de los derechos de los niños y promotora de la crianza respetuosa.

www.mundonido.wordpress.com

 

 

Ivette Aguirre
Mamá, Diseñadora Gráfica,
blogger y community manager
@mamiacolor
mamiacolor@gmail.com
mamiacolor.es

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5 thoughts on “El castigo como método de enseñanza

  1. Estoy de acuerdo y en desacuerdo a la misma vez, porque depende de muchísimas cosas. No estoy diciendo que esté en favor de los castigos, OJO. Ni estoy a favor, ni los practico. Pero haciendo un paneo de la gente quien conozco y de mí misma, no me cuadra 100%. Tengo amigos que recuerdo pasaban más tiempo castigados que “libres”. En mi caso, creo que puedo contar con los dedos de una sola mano las veces que me castigaron y viendo lo que somos hoy, en personalidad, es inverso a lo que se dice aquí. Es decir, ellos no son ni nunca fueron sumisos ni retraídos; en mi caso, siempre lo he sido: más retraída que sumisa… ¿alguna explicación a este hecho?

    1. Obviamente todos somos diferentes y a cada uno le afecta de una manera distinta, el ser sumiso o retraído es una consecuencia posible, pero no obligatoria. Las consecuencias pueden ser muchas dependiendo del tipo de castigo y de la personalidad de la persona. Hay quienes son mas resilientes y lo gestionan mejor. En líneas generales, quien es castigado suele buscar la aprobación como objetivo final y actúan en concordancia, sin embargo, muchos de los que hemos sido castigados en nuestra infancia hemos podido concientizarlo y trabajarlo a favor. Muchas veces no somos conscientes y lo manifestamos en comportamientos cotidianos a los que no les damos mayor importancia. Lo crucial aquí, es observarnos y cuestionar nuestros mecanismos, pero es un camino personal que cada uno debe explorar.

  2. Quiero entender un poco mas la diferencia entre ambas (castigo / consecuencia) yo he castigo a mi hija de 4 anos por un mal comportamiento o pataleta que hizo al momento de quitarle algo que le gustaba por NO obedecer. aja pero yo lo llamo a eso castigo por no obedecer… que a su vez es la consecuencia por ese comportamiento (no obedecer)- Estoy haciendo algo mal? OJO: siempre le pido que se calme y cuando deje de gritar y llorar hablamos, y le explico porque lo hice.

    1. Hola! Aquí no vamos a hacer juicios de valor en cuanto a si haces bien o no, partiendo de la premisa que muchos de nosotros, si no la gran mayoría, viene de familias estructuradas en torno a la obediencia. En el fondo, tu no quieres que tu hija te obedezca, lo que quieres es que comprenda e integre los valores y principios que quieres inculcar. Obedecer es responder de manera automática y sin criterio para evitar perder ese “ALGO”, es decir, nos portamos de cierta manera, simplemente para no perder ciertos privilegios, pero no porque comprendamos realmente el valor intrínseco de cada cosa. Ahí el valor que intentas inculcar pierde todo sentido y pasa a tenerlo el objeto que ha sido retirado. Qué pasa? que los valores y principios se inculcan mediante el ejemplo y el afianzamiento constante. Un niño de 4 años no tiene aún desarrolladas del todo, todas sus conexiones neuronales, es aún un ser inmadura y sí, es tedioso, pero por más molesto que nos pueda parecer, hay que repetir y repetir, de manera firme y amorosa, hasta que eso que queremos enseñar se afiance. Te pongo un ejemplo. Yo vivo en un piso alquilado con mi hija que ahora tiene 6 años. El piso está amueblado y desde que llegamos hace poco más de dos años (ella tenía 3 casi 4) se enamoró del sofá. No hay nada que le guste más que saltar en el sofá. La consecuencia natural de saltar en el sofá es que se pueda romper, pero aquí lo más importante y es el valor que quiero inculcarle, es el respeto por la propiedad ajena, así, si le quito un juguete, ella dejará de saltar momentáneamente para recuperar su juguete, pero en cuanto pueda volverá a saltar en el sofá, porque no ha comprendido realmente la lección que quiero enseñarle. A ella solo le parece divertido saltar en el sofá. Qué hice? explicar, explicar y explicar. Ofrecer ejemplos que la incluyan como: a ti te gustaría que otra persona cogiera tus juguetes y los tratara mal o los rompiera? y ofrezco alternativas, saltar en una colchoneta, salir al parque o cualquier otra actividad. Que no es inmediato? no lo es, es un sembrar para cosechar a largo plazo. Quitar un juguete si puede que sea una consecuencia a un mal comportamiento, si así lo has establecido, pero es una consecuencia artificial, prefabricada con el fin de modificar una conducta, que tendrá resultados a corto plazo pero no sostenibles en el tiempo.

      1. Es verdad, Excelente el ejemplo que me das, no habia visto ese punto de vista… muchas gracias. : )

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